Hola a todos de nuevo.
Hoy decidí contarles un poco sobre una experiencia personal que vengo repitiendo desde hace algunos años, la gran mayoría de las personas que lean esto, sabrán de que se trata, pero por si existe algún malinformado la aclaración del contexto de mi relato les será de utilidad.
Todos los años en Argentina, en el primer fin de semana de Octubre y el día 8 de Diciembre se realiza la peregrinación a Lujan. A la misma, concurren personas con distintos fines, muchos de ellos caminan desde distintos puntos, para agradecer, pedir, o simplemente realizar la caminata para comprobar si pueden llegar a completar el recorrido de aproximadamente 75 kilometros que conduce a la basílica de Lujan.
Como todos los años desde el 2000, camine desde Haedo a Lujan. Pero a diferencia de las otras caminatas en las cuales siempre peregrine en la fecha del primer fin de semana de octubre, esta vez asistí el 8 de Diciembre (día de la virgen).
Al llegar al punto donde siempre me uno con los peregrinos me pareció muy extraño ver que nadie se encontrará ya caminando...Pero decidí emprender mi ruta. A pocos metros de donde había comenzado encontré una joven pareja, al ser las únicas personas que había visto en el lugar, decidí preguntarles si sabían si se realizaba la peregrinación. A lo que la joven me confirmo que ese día era la caminata, pero que a diferencia de la de octubre muy pocas personas asistían debido a que la de diciembre "no es oficial".
Con la confirmación obtenida comenzé a caminar a paso acelerado.
En morón un muchacho de unos 35 años entablo conversación conmigo porque no conocía bien la ruta, así que le indique el camino, pero por alguna razón que desconozco esta persona se quedo conmigo desde ese punto en adelante.
A medida que avanzaba comenze a pensar, en todos los eventos de ese último año y de los últimos tiempos, en las peronas que quiero, en mi vida y en las cosas que deseaba.
El viaje a Lujan es (para mi) una gran liberación espiritual y mi forma de dar gracias por todo lo que acontece en mi vida. Si bien muchas veces las personas no entendemos algunos sucesos, soy de la idea, de que todo lo que nos ocurre pasa a formar parte de un aprendisaje.
El camino fue dificíl está vez, mucho más difícil que años anteriores, tal vez porque la soledad hace más largo el recorrido, tal vez porque en el primer tramo el sol era un enemigo voraz, no lo sé.
La primer parte del trayecto fue dedicado a la charla que nació entre mi peregrino amigo y yo. Me conto muchas cosas de su vida, pero por razones personales decidí no contarle mucho sobre la mia, me dijo que estaba casado y que era muy feliz, que no tenía mucho dinero y que su vida era humilde, pero llena de motivos para vivir con alegría.
La conversación no fue mala, pero siempre por decisión propia considero que lo mejor para mi es caminar solo, de está forma puedo concentrarme en mi mismo, mirarme lo más adentro posible... una vez al año.
Mi cuerpo comenzo a sentir el peso de los kilometros y el agoviante calor que caía sobre el asfalto de la ruta, en Moreno fue la primer parada, la cual sirvio para descansar un rato, recuperar energías y comer algo liviano.
Luego de una hora de descanso el momento de hacer el segundo tramo de la ruta había llegado, nada relevante paso en ese período, seguí conversando con mi compañero y di ritmo ágil a mi caminar, a fin de llegar cuanto antes a General Rodriguez...Alrededor de las 3 de la tarde llegué a mi destino, mis pies ya estaban más que cansados y mi cuerpo desecho por el constante viento que golpeaba mi pecho, caí rendido a un costado del camino y me acoste sobre el cesped para poder mirar el cielo durante un tiempo...
En ese tiempo, decidí conversar unos instantes con Dios...cerre mis ojos y me concentre en el sonido del viento, en la sensación de estar suspendido sobre el cesped, abandonando por unos minutos el mundo y haciendole saber que una vez más, como cada año, me encontraba cumpliendo mi eterna promesa.
Tenía muchísimas cosas para preguntarle...sobre mi vida, sobre mi pasado, pero más que nada, subre el destino de mi futuro, sobre algo muy puntual...
Me encontré una vez más pidiendole que me de las respuestas a las preguntas que tantas veces tengo y que me de el entendimiento y las "virtudes" necesarias para afrontar la vida con la mayor templanza posible.
No le pedí oro, ni riquezas materiales, le hice saber que sólo quería poder vivir mi vida de otra forma, le hice saber que cuando miro atras muchas veces algunas cosas no me hacen sentir orgulloso y le pedi disculpas por haber cometido los errores que cometí...
Pero por sobre todas mis peticiones, hubo una que fue el motivo central de este viaje...
Le dije, que por más difíciles que fuesen de domar los vientos, y por más duras que parezcan las peleas jamas me iba a rendir, y que está caminata era un símbolo de mi fé, de mis creencias, de mis "formas" de entender está vida...
Volviendo a mi estado de consciencia absoluta me di cuenta que era hora de levantar mis cansados pies y sacar fuerzas de donde no tuviese. La recta final había llegado, así que me levante y empeze el recorrido... Sentí nuevamente a todos los que quiero conmigo, me dije a mi mismo que no podía fallarles, nunca lo había echo y ese día no sería la exepción.
Una promesa no puede ser rota y hace ya muchos años decidí cargar en mi espalda con una bastante grande, la cual es mi intención mantener viva hasta el fin de mis días...
Así que camine con todas mis fuerzas, desde Rodriguez a Lujan, en el camino pensé mucho, pensé sobre todo en dejar el pasado atras. Dicen que antes de poder seguir adelante es necesario dejar el pasado a un lado. Y el viaje a Lujan fue de alguna forma un comienzo para dejar mis fantasmas de lado... y entender que los fracasos sólo suponen un capítulo más en nuestras vidas y son lecciones que nos ayudan a crecer. Comprendí que es un gran error dejarse desanimar por nuestros fracasos, ya que de ese modo los mismos pueden trabar nuestras vidas. Es necesario aprender de ellos, y mirar adelante con la frente erguida y sonriendo hacia el futuro...
Luego de asimilada la idea anterior, repentinamente mi cuerpo parecía pedirme a gritos que abandone el camino, que todo esto no era necesario, parecía escuchar voces las cuales me decían que mi "demostración de fé" no tenía ningún sentido y que todo era en vano.
Realmente a veces me detengo y pienso en todos estos años de caminatas, y veo las distintas etapas de mi vida. Como varíaron mis peticiones, mis agradecimientos, como cambió mi forma de ver todo...
Despúes de haber cruzado el segundo puente, y casi extenuado, mis pies perdieron fuerzas y trastabille cayendome sobre un costado del camino...la gente pasaba sin ofrecer su ayuda, mi compañero estaba muy detras mio y me encontre sólo...por algunos instantes me pareció imposible volver a levantarme, pero entonces me pareció verte a la distancia acercándote, ofreciendome tu mano para levantarme, y recordé el proposito final de mi viaje...mi motivo máximo por encima de todos los demás. Y de inmediato me levante, no podía fallarme...no podía fallarle...
Así que me levante dispuesto a enfrentar mi destino y empeze a caminar más rápidamente que antes sin prestar atención a los distintos dolores de mi cuerpo y seguí adelante con marcha apresurada...
Despúes de unos minutos la basílica comenzo a vislumbrarse a la distancia y una sensación muy extraña recorrió mi cuerpo, una vez más estaba caminando, caminando para dejar todo lo malo de lado, caminando para pedir por la gente que quiero, por mis amigos, por mi familia, caminando para agradecer por toda las alegrías que tengo en mi vida, y también por todos los errores e infortunios de los cuales siempre aprendo...
Pero está vez un motivo más grande que todos los anteriores se hacía presente en mi, ese día decidí encomendarme al destino y pedirle que me conceda una oportunidad, tan sólo una oportunidad para probar mis certezas...y con confianza ciega, sin saber cuando ni donde, entendí que debía estar preparado para lo que estaba por venir...quizás la oportunidad que tanto se me había negado, estaría más cerca de lo pensado...
Finalmente llegué y miré el cielo que resplandecía sobre mi aquella tarde de verano, y con mis últimas fuerzas me arrodile frente a la imponente vista de la iglesia que me hacía sentir tan diminuto...di mi habitual oración y luego de unos instantes, me levanté sabiendo que el resto del camino de mi vida, aún estaba allí esperando ser recorrido...

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